Make your own free website on Tripod.com

Carlos Almira

Home
Carlos Almira
Dina Bellrham
Ana Maria Manceda
Ana Pérez Cañamares.
Agnieszka Malgorzata Rybarczyk
Aldo Luis Novelli
Andrea Victoria Álvarez
Pepa Ortiz Moreno
Trina Quiñones
Andrea Marques
Nicolás López Dallarra
Chegars Rois Mendez
HOMENAJE: Jose Barroeta
Visual: Bill Brandt
Francisco Cenamor
Dos poemas
Juan Carlos Vásquez
Ediciones anteriores
Quienes somos
Galeria de autores
Enlaces
Colaboraciones
Libro de visitas
Comunicado

espia.gif

EL  BOLSO

 

 

     La tercera llave entró. Nico me empujó, satisfecho: “¡vamos!” Yo lo miré furioso, pero cedí y entré en la casa desconocida.

     Hacía calor pese al aire que llegaba de alguna ventana. El pasillo estrecho se alargaba como un túnel sofocante. Como soy el jefe iba el primero, cauteloso, procurando memorizar el camino.

     Nos habíamos hecho con el bolso la tarde anterior, en un supermercado de la calle Varela. La vieja, absorta en su máquina tragaperras, ni se percató. Pero cuando íbamos a repartir, resultó que sólo llevaba un portamonedas medio vacío y un reloj de pulsera barato, de señora, que además no funcionaba. Fue así que decidimos entrar en la casa.

     De todos los procedimientos de mi oficio, éste es el que menos me agrada, dejando aparte la violencia gratuita y bestial. Como no soy carterista ni atracador de Bancos, prefiero el hurto sigiloso y el timo. No obstante, sobre todo en verano, se presentan buenas ocasiones de escalo. Hay muchos pisos cerrados y la gente suele dormir con las ventanas abiertas.

     Nos encaminamos, pues, a la dirección que indicaba el DNI de la señora, que resultó ser maestra y llamarse Margarita Pérez Cienfuegos. Antes de entrar en una casa, hay que reconocer bien el lugar aunque sin dejarse ver mucho. Lo ideal es pasar la víspera, a una hora en que haya mucha gente. Uno se hace rápidamente una idea de lo que va a encontrarse según el barrio y el piso: joyas, objetos de arte, dinero, o sólo electrodomésticos. Decide cómo va a entrar (a veces, aún teniendo las llaves, es mejor utilizar la ventana, porque hay portero o bastantes jardines). Por último, valora si necesitará algún vehículo o hará el trabajo a pie, por qué calles le convendrá llegar y por cuáles marcharse.

     Anochecía. Los comercios echaban sus persianas y las terrazas empezaban a llenarse. Al ver la casa estuve a punto de renunciar. Entonces advertí que, además de ser un primero, la calle estaba flanqueada de árboles, uno casi por ventana. Por si esto no bastaba, mi socio quería entrar de inmediato y me empujaba, medio en broma, llenándome de saliva, con sus rollizos brazos.

     Me gusta hacer las cosas bien. Lo planeamos todo en un bar del centro, a pocos metros de donde habíamos conseguido el bolso. Nos deshicimos de éste en el río y quedamos al día siguiente en la parada del autobús. Yo llevaría las llaves.

     Avanzamos por el pasillo sofocante sin una linterna. A nuestra izquierda las puertas abiertas enmarcaban sólo tinieblas, pero del fondo llegaba un resplandor difuso, como de una lamparita.

     Por lo demás, la casa estaba sumida en un silencio completo. No se oía el zumbido del televisor. Que hubiese luz y no ruido no me gustaba. Tal vez la maestra dormía o leía, tal vez nos había escuchado. Sentí a mi espalda la mole de Nico.

     Llegamos a la última puerta. Al principio, acostumbrados a la oscuridad, no vimos nada. Poco a poco distinguimos algunos bultos en la penumbra. Un murmullo, apenas un bisbiseo, flotaba junto a la mesa que ocupaba el centro de la habitación, sobre la que yacía la maestra.

     Una mano me retuvo. Nos hicieron sitio y nos acercaron una bandeja. El taburete crujía bajo el peso de mi socio.

     Los refrescos estaban calientes pero el café era bueno.   

     

 

carlosalmira7.jpg

Carlos Almira Picazo nació en Castellón, España, hace 42 años. Se doctoró en Historia por la Universidad de Granada. Y se dedicó sobre todo, a vivir de sus clases y a escribir: ensayos, novelas, cuentos y poesía. Así lleva desde mediados de los años ochenta.

Hasta la fecha ha publicado: en papel, un ensayo sobre la Dictadura del general Franco (editorial Comares, Granada, 1997); una novela heterodoxa sobre la vida y muerte Jesús de Nazaret (editorial Entrelíneas, Madrid 2005); y en internet, una novela sobre el posible futuro de un país de América latina, imaginario, (revista Prometheus mdq, nº 22 abril de 2007). En la actualidad trabaja en una colección de cuentos y en una novela histórica sobre la antigua Roma.

 

 

DATOS DE CONTACTO:

 

Domicilio: C/ Laguna de la Caldera nº 44, 5ºB, (18006) Granada, ESPAÑA.

 

Teléfono: 958210685.

 

Email: carlosylola(arroba)gmail.com

 

Herederos del Caos Carlos Almira Dina Bellrham Ana Maria Manceda Ana Pérez Cañamares Agnieszka Malgorzata Rybarczyk Aldo Luis Novelli Andrea Victoria Álvarez Pepa Ortiz Moreno Trina Quiñones Andrea Marques Nicolás López Dallarra Chegars Rois HOMENAJE: Jose Barroeta Visual: Bill Brandt Francisco Cenamor Dos poemas Juan Carlos Vásquez Ediciones anteriores Quienes somos Galeria de autores Enlaces Colaboraciones Libro de visitas Comunicado

 

 

Los derechos de los trabajos publicados en Herederos del Caos  corresponden a sus respectivos autores y son publicados aquí con el consentimiento de los mismos. Se prohíbe la reproducción múltiple sin la autorización previa.

 

copyright©herederos del caos (2006-2008)

herederosdelcaos@hotmail.com


Heirs of Caos is a noprofit Cultural proyect. Which Promotes a Artistic works with an emphasis on poetry and fiction. Heirs of caos receive no monitary benefit for their publication. All projects remain property of their individual creators

 

bannercreacion.gif